Entre la oportunidad y la incertidumbre, el debate que marcó el pulso de la campaña 2026/2027. En un contexto atravesado por la volatilidad económica, la incertidumbre política y los desafíos productivos, el panel “¿Qué podemos esperar para la campaña de trigo 2026/2027?” sacó a la luz la discusión más profunda del Congreso.
“¿240 dólares cierran o no? ¿Y si son 260 FAS que se acercan a 300 FOB?” Así comenzó el debate final del Congreso A Todo Trigo, el encuentro que en su 13ª edición reunió a 1800 personas durante dos días en el Sheraton de Mar del Plata a otros , convocados por la Federación de Acopiadores, organizadora de este valioso espacio creado hace 22 años.
Con la participación de Enrique Erize (Nóvitas), Gustavo López (Agritrend), Jorge González Montaner (consultor) y Daniel Miralles (FAUBA-Conicet), moderados por Raúl Dente (Acopiadores), el intercambio dejó una conclusión compartida: el trigo argentino enfrenta un escenario de enorme potencial, pero condicionado por la falta de previsibilidad.
Durante el debate, los especialistas coincidieron en que el productor vuelve a tomar decisiones en medio de reglas inciertas. “No se puede esperar a la cosecha para saber cuáles serán las condiciones del negocio”, planteó Miralles, quien advirtió sobre la dificultad de planificar inversiones cuando las señales llegan tarde o son ambiguas.
El panel también puso el foco en la calidad del trigo argentino. Los participantes alertaron que, de repetirse un escenario climático húmedo y con menor inversión en fertilización nitrogenada, podrían volver a observarse problemas de proteína en la próxima campaña. “Hoy ya sabemos que hay mucha agua y fertilizantes caros. Ese escenario configura un riesgo de calidad”, señalaron.
En ese marco, González Montaner destacó la necesidad de construir mercados más previsibles y generar incentivos concretos para producir trigo de calidad. Tomó como ejemplo modelos como la cebada cervecera o el trigo candeal, donde existen premios claros y previsibilidad comercial. “El productor necesita una zanahoria visible antes de sembrar”, resumió.
Por su parte, Enrique Erize aportó una mirada más optimista sobre el mercado internacional y defendió el rol de la demanda global, incluso de destinos no tradicionales para el trigo argentino. El analista remarcó que países como Vietnam, Bangladesh o Marruecos continúan mostrando interés por el cereal argentino y sostuvo que muchas veces “el mercado encuentra lugar para diferentes calidades”.
Sin embargo, más allá de los precios o las oportunidades comerciales, uno de los momentos más contundentes del panel llegó cuando Daniel Miralles advirtió sobre el deterioro de herramientas estratégicas para la toma de decisiones agronómicas, especialmente vinculadas a la disponibilidad de datos climáticos.
“Argentina tiene una estación climática cada 30.000 kilómetros cuadrados. Estados Unidos tiene una cada 670”, comparó, alertando que la reducción de información meteorológica puede impactar directamente sobre el desarrollo de herramientas técnicas y modelos predictivos utilizados por el agro. “Las decisiones y muchas de las herramientas que se desarrollan están basadas en esos datos”, enfatizó.
El debate también abrió la puerta a pensar en nuevos cultivos de invierno, especialmente la colza, impulsada por la creciente demanda global de biocombustibles. Allí, los especialistas coincidieron en la necesidad de generar conocimiento técnico sólido para evitar errores del pasado. “Cuando un cultivo se quema por desconocimiento, el productor no lo quiere ver más”, advirtieron.
Entre diagnósticos técnicos, discusiones sobre mercados y críticas a la falta de previsibilidad, el panel dejó una sensación clara en el auditorio: el trigo argentino mantiene intacto su potencial productivo, pero el gran desafío sigue siendo construir condiciones que permitan transformar ese potencial en una estrategia sustentable y rentable para el productor.
































