Yeta, el vino que no se repite: cómo un error se convirtió en la línea más audaz de Cafayate.
Varietales no tradicionales, cortes inesperados y métodos que nadie usa. Lo que funciona termina en las principales etiquetas de la bodega Domingo Molina.
En 1812, Manuel Belgrano se desplomó de su caballo rosillo justo cuando comenzaba la batalla de Tucumán. José María Paz, que entonces era un joven oficial, recordaría después que la caída fue tomada como un mal agüero por la formación. Pero no lo fue. La historia terminó en triunfo y con una frase que quedó para siempre: «Campo de batalla, te tengo». Dos siglos después, en Cafayate, una bodega decidió abrazar esa misma idea. A veces, lo que parece un error es el comienzo de algo mejor.
La historia de Yeta, el vino, empieza con una equivocación. Rafael Domingo, tercera generación de los Domingo, una familia de tradición vitivinícola en los Valles Calchaquíes, quería hacer un tinto dulce. Junto a sus hermanos Gabriel y Osvaldo, cosecharon un martes 13 y, como si el calendario les hubiera jugado una broma, nada salió como esperaban. «Nos salió todo al revés de lo que buscábamos. Terminó siendo un Malbec tardío, al que llamamos Martes 13, que hoy tiene mucha demanda de una gran parte de nuestros clientes», comenta el ingeniero agrónomo egresado de la Universidad Nacional de Cuyo a LA GACETA.
La Gaceta




































