Leonardo De Benedictis (consultor privado), José Micheloud (CREA) y Hernán Sainz Rozas (FCA, UNMdP – INTA y CONICET) analizaron aspectos claves que los productores deben tener en cuenta de cara al inicio de la Campaña Fina 2026/27: clima, nutrición del suelo y brechas de rendimiento, los ejes centrales.
A la hora de tomar decisiones agronómicas, hay cuestiones que inclinan la balanza. El clima es ciertamente una de las variables centrales, y de cara al inicio de la Campaña Fina 2026/27, en el marco de una nueva edición de A Todo Trigo, el meteorólogo y consultor, Leonardo De Benedictis analizó el pronóstico de los próximos meses.
El punto de partida fue la distinción entre un fenómeno Niño y uno Niña, dado por la temperatura de la superficie marítima. “Cuando se calienta el agua de la zona central del Pacífico hablamos de Niño, mientras que cuando se enfría hablamos de Niña. Si estamos entre promedios, hablamos de un evento neutral”, explicó el especialista.
Si bien aclaró que la relación entre estos eventos y los rendimientos en los cultivos de invierno no se da de forma tan marcada como en los cultivos de verano, De Benedictis indicó que es algo a tener en cuenta. Este año, en particular, muchos pronósticos estimaron la llegada de un “súper Niño”.
“Algo de realidad tiene. Se están pronosticando temperaturas en el mar muy por encima de los promedios, en torno a los 3 grados. Piensen que es uno de los océanos más grandes del mundo. La energía que hay que entregarle a ese volumen de agua para que suba esos grados es mucha. Cuando pasa a la atmósfera eso empieza a generar grandes eventos de lluvia en algunos sectores, mientras que en otros hay sequía”, señaló.
Respecto a lo que podría esperarse para los próximos meses, el meteorólogo mostró un “ensamble de pronósticos”, basado en el promedio de 20 modelos distintos, que dio cuenta de la distribución de lluvias entre el invierno y la primavera. Según dijo, para junio se espera un cambio en el patrón de distribución de lluvias, que comenzarán a registrarse tanto en la zona cordillerana como en el noreste del país.
“Si empieza a llover de forma temprana ahí, eso puede moverse hacia el sur. Es importante para entender lo que podría pasar en la primavera”, indicó.
Y mientras esa tendencia continuará en julio, en agosto ya podría “decir presente el Niño”, dando paso a un septiembre con “más escala de lluvias y circulación de humedad”.
“Después de tantos años de sequía puede ser óptimo pero tuvimos un otoño cargado en muchas zonas. Todo esto puede potenciar excesos de precipitación. Hay que estar alertas, hay que estar atentos, hay que hacer seguimiento, nada de esto es determinante pero sí podemos decir que este es un escenario muy probable”, concluyó.
El otro aspecto clave gira en torno a la reposición de nutrientes en el suelo, punto que fue abordado por el especialista Hernán Sainz Rozas. En concreto, el agrónomo expuso el impacto que tuvo la “agriculturización” sobre indicadores de fertilidad. El foco estuvo puesto principalmente en la región pampeana, donde la baja fertilización nitrogenada debe ser atendida por los productores.
“Cayeron los niveles de mineralización de nitrógeno. Entre 150 y 160 kilos menos de nitrógeno. Estamos en una situación crítica”, afirmó Rozas, que alertó que tampoco hay que dejar de medir los niveles de fósforo, azufre y zinc para evitar “co-limitaciones”.
“El proceso de ‘agriculturización’ ha provocado el deterioro de las propiedades químicas, biológicas y físicas del suelo. Esta pérdida de calidad física, a su vez reduce significativamente la eficiencia en el uso de los nutrientes”, señaló.
¿Pero como revertir o mitigar ese proceso? Rozas concluyó que es “necesario intensificar las secuencias de cultivo con el fin de incrementar el retorno de carbono al suelo”. Aquello, aseguró, debe “complementarse con un uso racional de la fertilización, fundamentado en un diagnóstico, interpretación y recomendación adecuados”.
La importancia de estos puntos –clima y nutrición- fue retomada por José Micheloud, que analizó las brechas de rendimiento entre aquello esperado y lo alcanzable.
“Las brechas son diferencias de rendimiento entre un determinado nivel de rendimiento y otro. Esa variabilidad de rendimiento en una determinada región se da por diferencias en lotes en términos de lluvia, suelos, manejo de cultivos. Y por supuesto las características de cada empresa”, explicó el agrónomo.
En términos generales, señaló, la brecha promedio va del 5% al 20% dependiendo del cultivo. En trigo, aquella se acerca al 15% promedio, aunque algunas zonas del país arrojan una brecha mayor en torno al 25%.
“Resulta en diferencias de entre 400 y 1100 ka/ha entre lotes de productividad media y alta”, dijo. Y añadió: “Cuando se analizan las causas, en promedio en Argentina el factor es la fertilización (nitrógeno y fósforo), que explica más del 80% de la brecha (84%). De optimizarse eso, se podría reducir”.
¿Pero puede esa brecha reducirse? Para Micheloud, la clave está en el “ajuste de la fertilización con nitrógeno y fósforo”, sumado a “la elección de la genética, elección de fecha de siembra y uso de fungicidas” según la zona.
El experto abordó hacia el cierre la situación de la cebada: “La brecha entre el rendimiento actual y el rendimiento alcanzable se encuentra en el orden del 20%, y resulta en diferencias de más de 1100 ka/ha entre lotes de productividad media y alta. Ella puede reducirse principalmente por medio del ajuste de la fertilización con nitrógeno y la adecuada elección de la genética”.
































