Manuel Ron, presidente de Maizall —la alianza que nuclea a las cadenas de maíz de Argentina, Brasil y Estados Unidos—, señaló que juntos esos tres países representan el 50% de la producción mundial y más del 75% de las exportaciones globales. La misión de la alianza es dialogar directamente con los actores de los países importadores para evitar que se impongan barreras basadas en regulaciones insostenibles. Recientes misiones a Italia y España —países que importan dos tercios de lo que consumen y son destinos críticos para el maíz sudamericano— apuntan a confrontar narrativas burocráticas con la realidad del productor.
Bertolini: “Gran hipocresía europea” con datos en la mano
El presidente de Abramilho fue el más frontal del panel. Denunció que Brasil mantiene dos tercios de su territorio con vegetación nativa intacta, que un tercio de esa superficie está dentro de propiedades privadas mantenida por los agricultores sin compensación, y que el Código Forestal Brasileño es extremadamente estricto. “No podemos permitir que un proceso regulatorio no se base en la ciencia y no respete la autonomía de cada país”, sentenció.
Criticó que la UE considere sostenible arar la tierra —lo que causa erosión y mayor uso de diésel— mientras cuestiona la siembra directa y los transgénicos que usan los países del Mercosur. “No podemos permitir que burócratas que no entienden el campo dicten qué debemos hacer sin sustento técnico”, afirmó.































